Abre la puerta...

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Esquirol

Que la primavera ya está llegando.
Los almendros en flor me lo han dicho al pasar por esa casa de la que nunca sale nadie, justo en el alto de las viñas, desde donde se ve el mar y huele a romero. Sí, sí, al lado del cartel de hierro que chirría con el viento, en el desvío del viejo algarrobo.
Y traspaso la puerta en busca… de otros mundos, de rincones que sean más pequeños que este mundo ficticio, y si nos damos con el cielo en la cabeza (de tanto cielo) y nos balanceamos en el columpio gigante (tan gigante) parece que el mundo (el grande) se ha dado la vuelta.
Y al darse la vuelta se han desparramado un montón de historias por el suelo… las recogemos con delicadeza para que cada cual se meta en el bolsillo la que más le cuadre a su ser, a su vivir, a su crecer… las que sobran las dejamos perderse o las convertimos en volcán aunque nos digan que es una montaña de arena.
Y a algunas de las personas más pequeñas se las confunde con las piñas y las algarrobas, y aunque los adultos siempre tienden a adultar demasiado dejan espacio para que las flores crezcan sin ser pisoteadas y no las riegan, solo soplan un poquito para que les llegue la humedad de los charcos cercanos. De los suaves soplidos a veces surgen lindas melodías.
Y estamos cerca del mar y de los árboles pero también soñamos en estar cerca de nuestra naturaleza amorosa, de un mundo en movimiento, y los conejos se pasean a sus anchas mientras las mantis hacen casas a nuestro alrededor… y puede que ya haya volado aquella mariposa. En el gallinero de momento viven las ocas y se espera que pronto lleguen las gallinas… y como es difícil esperar nos ponemos en búsqueda porque hemos descubierto que es nuestra mejor herramienta: buscar y buscar lo que realmente deseamos hacer con nuestra vida única, querida, irrepetible, fascinante.
Y en el solsticio de invierno hicimos una hoguera para quemar miedos y deseos y desde entonces a veces lo quemamos todo y bailamos cualquier cosa.
Los susurros conviven con los gritos y los cuentos con las canciones y las palabras con los números y las estrellas con las montañas y con ese rico olor que llega desde la cocina. Y como no espero nada de ti la esperanza nos sorprende por cualquier parte y la plantamos en el huerto y nos la comemos en el desayuno.
Vamos caminando agradecidas y doloridos y riosos, y soñadoras y enfadados y de cuando en cuando nos paramos a mirar la luz que se filtra entre los pinos y dudamos buscando el equilibrio sobre una cuerda floja que separa tantos matices y ahí (donde habitan los matices) nos hemos construido una cabaña. Y no nos preocupa que a veces tenga cortinas de lágrimas.
Algún día nos vestimos con falda y bigote por si el mobiliario de las convicciones se puede mudar. Otro nos dejamos el pijama así quizá los sueños, en lugar de esconderse en las sombras, sigan en nosotros, aún mojados por la lluvia del amanecer.
Y debajo de una pesada piedra hemos descubierto que sin hacer todas las preguntas ni contar con todas las respuestas se anda con ligereza encontrando y desencontrando, relacionándonos, aprendiendo, jugando, inspirando (sin aspirar). Montando y desmontando millones de torres.
Trabajamos juntos y hacemos viajes en solitario y elegimos el camino y cuando se pone cuesta arriba apretamos las piernas o nos sostenemos de una mano cálida o quizá sea que ha llegado el momento de correr a toda prisa y cuesta abajo para sentir el aire en la cara… sin que nadie me persiga ¡que yo corro muy rápido no me vayas a hacer caer!… pero gracias por abrirme la puerta y sostenerla no sea que, con esa fuerte ráfaga de tormenta, me golpeé a la que vuelve.
Subimos paredes de roca porque hay quienes encuentran en sus bolsillos calizos un montón de secretos sobre sí mismos y a cerca del mundo que les rodea.
Y dicen las ardillas que al pájaro muerto se lo están zampando pequeños gusanos blancos, y un ejército de hormigas se lleva algún gusano a su agujero cercano y como estamos despiertos y vivos imagino que antes o después veremos planear un pájaro que alzará el vuelo con una hormiga en su pico…
Y así el movimiento sigue su senda sugerente, generoso… confiando… nos subimos a ella.
Prestado por Pati Blasco de su blog
http://patiblasco.desnivel.com/blogs/2015/02/20/abre-la-puerta/

 

 

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